“Esperar que ella vuelva
y le diga acá estoy mi amor
no existe el olvido,
acá estoy mi amor de vuelta
he venido
¿Lo puedes creer? no existe el olvido mi amor
No existe...”
Los Tipitos
-Campanas en la Noche-
El silencio deambula descalzo por los corredores. El rumor de los pasos de
alguno de esos hombres de blanco le llega a su habitación. Pero a él nada le
importa. Su vista sigue clavada en el horizonte… y espera.
Hace un tiempo que sus lívidos ojos escrutan continuamente el horizonte.
Las esperanzas de apoco se apagan, pero una duda lo motiva para volver
a mirar: ¿Y si volviese?
Vio el sol nacer tantas veces como a la luna morir. Y ella no vuelve. Pero
la esperanza es lo último en perderse. Las estaciones cambiaron. La primavera
mutó en invierno. Las nieves crecieron, los pastos reverdecieron. Pero él sigue
inmutable, ahí, frente a la ventana.
Y los hombres de blanco le hablan. Le dicen cosas que él se rehúsa
a escuchar. Agita la mano, esparce a los hombres y a sus palabras, sin
despegar sus ojos de la ventana, en silencio mortal.
A lo lejos suenan campanas. Campanas que cortan la noche.
Campanas que le recuerdan a ella. Y vuelve la noche. Silenciosa, como
siempre.
Y el rumor de una muerte le llega a sus pensamientos. Pero él se
niega a creer. Mas el rumor arremete. Él aparta los ojos unos segundos. Se
toca el pecho, siente su corazón latir. Recuerda por quién late. Y, nuevamente,
vuelve a mirar al horizonte.
¿Qué era el olvido para aquel hombre? ¿Qué era el tiempo para él?
Tan solo palabras vacías de aquellos hombres de blanco.
Y llega la mañana. Alguna que otra mujer viene. Exasperado mira, quizá
sea ella. Pero ha desperdiciado un valioso minuto para mirar por el horizonte.
Escucha lo que le dicen, se toma su matecocido y su pan, aun con la mirada fija
en el horizonte. Hace oídos sordos, y sigue mirando.
Y la noche danza descalza. Y el olvido es tan solo el sueño de un lunático.
Y cada segundo es una eternidad, sin ella, mientras espera.
Por una razón obvia se aman las canciones de Los Tipitos. Otra canción es Silencio o Reírnos del amor. Canciones con las que te identificas con solo escucharlas una vez.
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